Gracias a los chicos de la UPM he conseguido un fantástico viaje a Campus Party Europa con todos los gastos pagados, exceptuando las comidas. Ahora mismo me encuentro en el autobús camino de Berlín, si, si, como leéis, hasta Berlín en autobús. Son unas 30 horas de viaje y alguno en estos momentos estáis diciendo “¡ Que loco!”, pero la ocasión merece la pena.
Son las 00:51 del día 20 de Agosto y como no tengo sueño y el ambiente en el autobús ya ha decaído, me pongo a relatar mi experiencia diaria.
El comienzo ha sido un poco agridulce, a mi llegada a Ciudad Universitaria, puto de encuentro desde donde salían todos los autobuses, la gente estaba muy dispersa, había grupos de gente de anteriores Campus, amigos y/o conocidos de la universidad…
Llegan los autobuses y los nervios afloran, y algo más, mierda! Los autobuses son normales, nada de comodidades, ni siquiera servicio! He viajado muchos años en autobús en el trayecto Madrid – Sevilla e incluso estos autobuses de la compañía Socibus tienen servicio.


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Hemos montado en los autobuses puntualmente, antes de las 23:00 de la noche, hora en la que debíamos estar en marcha. Para mi sorpresa, Movistar nos tiene un regalo preparado, una camiseta y un pen drive de 4GB. Los organizadores del viaje toman nota de nuestro DNI (mierda, ya nos han fichado) y a continuación nos entregan un pin y un marca paginas de la POLITÉCNICA.
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Empiezan las primeras sonrisas del viaje.

Entre comprobaciones y esperar que todo el mundo y maletas estuvieran en su sitio hemos partido a las 23:20.
Ya en el autobús, el ambientes es mas distendido, se empiezan a escuchar las típicas llamadas de “ya estamos saliendo” y se oyen carcajadas tanto al fondo como al frente. Hora de cenar! Se empieza a ver mucho movimiento de bolsas y bebidas de un sitio para otro, incluso se ven bolsas de MacDonald. Yo me he pedido una MacPollo, por si acaso cae.

Según avanza el autobús por la carretera A1 dirección Burgos se dejan de oír carcajadas y conversaciones, tan solo se reconocen murmullos aislados de vez en cuando, el sueño empieza a hacer mella. A mi me encanta viajar de noche, me gusta mirar por la ventana con el silencio de la carretera y el sonido del motor rugir de fondo, observando las luces de los pueblos y fincas cercanas a la carretera mientras pienso en mis cosas (eso es privado). Miro al frente y ya no veo los dos autobuses que nos acompañaban. Me doy cuenta de que el sueño también empieza a hacer estragos en mi vista, los párpados me empiezan a pesar y la boca se me abre constantemente.

Es hora de terminar por hoy, voy a intentar dormir lo que pueda y para eso nada mejor que una almohada que me hará mas cómodo el viaje.

Durante el viaje de noche, nos despiertan cada dos horas ya media para descansar, ya que es por ley que los conductores del autobús descansen cada ese periodo de tiempo. Paramos en todo tipo de estaciones de servicio, desde áreas de descanso bien acondicionadas hasta gasolineras de mala muerte. Pongo la foto de una gasolinera al entrar en Alemania que me hizo mucha gracia en particular porque tenía salchichas enormes para desayunar.

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En el viaje he podido disfrutar por primera vez de las carreteras tanto Francesas, Belgas y Alemanas. Unas carreteras que dan bastante envidia respecto a las españolas, con un asfalto en bastante buen estado, arcenes con sus medidas correctas y una vegetación que apenas deja alcanzar la vista edificios cercanos a ella.

A las 15:38 llegamos a París, aunque pasamos de largo ya que queremos evitar el atasco de diario que se produce en la capital francesa, parando a comer a las afueras. Nuestro paso por Francia se hace practicamente por la noche y a media tarde ya nos encontramos en Bélgica, experimentando por primera vez las carreteras sin límite de velocidad a excepción de algunos tramos en obra.

A las 20:15 llegamos al aeropuerto Charleroi Sud de Bruselas a cambiar de conductores, un bonito espacio para observar despegar y aterrizar la escasez de vuelos del aeropuerto. 15 minutos más tarde paramos para cenar, la carretera está plagada de áreas de descanso, y todas en un estado excepcional facilitando enormemente el viaje y descanso de los conductores, no como en España, que las que conozco están cerradas y abandonadas al amparo de nadie.

Según avanzamos en nuestro viaje, se hace patente la gran maquinaria Alemana, junto a la autovía ses ven inmensos centros industriales de empresas tales como Becker, Weslerprofile y Edekar. Sus sistemas de almacenamiento son visibles desde la carretera e impresionan desde esa distancia. El resto de la noche se convierte en un trayecto mejor que la noche anterior, pudiendo dormir más horas y con un sueño más reparador.

A las 8:45 de la mañana el río Spree es testigo de nuestra llegada a Berlín después de un impresionante atasco típico de las principales ciudades de cualquier país.

Según recorremos las calles de Berlín rumbo al Aeropuerto Tempelhof se puede observar la arquitectura de los edificios berlineses, que se caracterizan por sus tejados de tejas inclinados y que se mezclan con edificios con arquitectura puramente cuadrada. Me encanta esa mezcla de arquitectura, hace de Berlín una ciudad mas cálida de lo que había imaginado. Otra curiosidad de la ciudad de Berlín respecto a la española es el funcionamiento de los semáforos, estos al pasar de rojos a verdes, no lo hacen directamente, sino que se enciende el color rojo y ambar a la vez.

A las 9:07 llegamos al Aeropuerto Tempelhof, donde un gran edificio con aspecto abandonado a pesar de la comisaría de policía y una central gubernamental nos da la bienvenida a Campus Party Europe.

Aquí esperaremos hasta que uno de los responsables de Campus Party nos identifica y nos da nuestras respectivas acreditaciones, siendo los primeros (según nos informan) acreditados de Campus Party Europe. Todo parece ir correctamente y rápido, pero pronto nos damos cuenta de la organización del evento y la fama que le precede. Solo se puede acceder al recinto a través de autobús, y sólo dispone de un minibus con 20 plazas para trasladar a todos los campuseros, muerete esperando!

Gracias a los chicos de la organización de la UPM convencemos a uno de los autobuses que nos traía para que nos lleven al recinto, de forma que nos convertimos así en unos de los primeros grupos en entrar al Aeropuerto y por tanto a Campus Party Europe.

Por mi parte solo queda dar las gracias a Movistar y a los organizadores de la UPM por la organización y el viaje.

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