Al principio empezó como otro sueño cualquiera en un lugar cualquiera y en la mente de una persona cualquiera, conocer la gran manzana, viajar hasta Nueva York y conocer por mí mismo si los rumores y las historias eran ciertas.

Armado de valor decidí viajar solo dispuesto a comerme el reino Yankee.

Lo primero que te impresiona son las dimensiones, he de decir que al otro lado del charco saben hacer las cosas a lo grande y muy sentidas, se nota que ponen pasión en lo que hacen. Al salir del metro son los rascacielos y enormes edificios los que te reciben con un frío pero emocionante hola, caminar por sus calles es quedarte atónito con su arquitectura, con su gente y su comida.

En ese mismo instante te das cuenta que la gran manzana ya te ha conquistado y siempre querrás más.

 

 

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